No es una noticia fácil de contar, pero es necesaria. Lo que pasó vuelve a mostrar el daño real que provocan los estruendos en animales y en muchas personas.
La noche del 24 se escucharon numerosos estruendos en distintos puntos de la provincia de Córdoba. Aunque cada año se repite el pedido de evitar la pirotecnia, todavía no se toma verdadera dimensión de sus consecuencias: afecta a animales, a personas mayores, a bebés y a chicos con autismo. No es un detalle menor. No es una exageración.
El pasado jueves, el grupo DUAR de Miramar de Ansenuza encontró a Gunter, un perro que era buscado por su familia desde horas antes. Los estruendos lo asustaron y salió corriendo desesperado, desorientado por el ruido. Terminó entre los escombros, dentro del agua, y no pudo salir. La pirotecnia lo empujó al pánico y le arrebató la vida. Una familia quedó con un gran dolor.
No se trata de no festejar. Se trata de festejar sin lastimar. Existen alternativas seguras, accesibles y respetuosas para celebrar sin generar daño.
La concientización sigue siendo necesaria. Entre todos podemos marcar la diferencia. Y más aún si estamos en lugares como Balnearia, Marull, Altos de Chipión, La Para, Miramar de Ansenuza y otras localidades de la región que nos llena de orgullo ser parte del Parque Nacional Ansenuza. Demos el ejemplo.

